“La distancia mas larga” es una de las mejores películas que he visto, y resulta ser una película venezolana en toda su magnitud. No solo tiene una contextualización perfecta de la realidad del país sino que además funciona en múltiples niveles, con personajes reales y sin los estereotipos convencionales. Es lamentable que, en Venezuela, siga habiendo producciones pobres y mediocres como “Er Conde Suelto en Hollywood” cuando hay potencial para grandes filmes, profundos y sensibles.
La directora (y escritora y productora) Claudia Pinto Emperador, está, a mi juicio, profundamente decepcionada de Venezuela y a su vez profundamente enamorada de este país. Ambos sentimientos no son contradictorios: se puede amar y resentir a la vez, y en nuestro tiempo, esta es una realidad inexorable. He visto a muchos de mis amigos y conocidos emigrar, cansados de la delincuencia, el elevado costo de la vida y la decadencia progresiva del país que ya no es una cuestión de opinión personal, sino común. A la vez, todos parecen tener una añoranza por Venezuela y por el potencial de su arte, su clima y sus bellezas, cada vez mas nubladas por la realidad. No quiero hacer de este artículo un tema político, pero esta película, de manera sutil y delicada, lo es: uno de los móviles de la historia es la delincuencia sin control en la ciudad de Caracas, presentada en este filme sin mostrar su miseria y su barrios pero sin observar su opulencia contradictoria. La delincuencia y el “revanchismo” lleva a nuestro héroe, Lucas, un niño de diez años, a recorrer el país hasta la Gran Sabana, recorrido en el que conoce a un “malandro”, Kayemó, que anhela más de la vida que ser delincuente y es perseguido por sus errores. A su vez, la abuela de Lucas, la española Martina, regresa de Europa para darle cierre a su pasado, a la casa de su juventud en las faldas de Roraima. Ahí es donde se muestra el amor inmutable por esta tierra: al abrir la ventana de su choza, Martina tiene la vista más impresionante del mundo entero, Roraima. Verlos a todos llegar a la Gran Sabana, orgullo de todos los venezolanos y punto de encuentro de todos los personajes, es conmovedor.
Creo que, entre los múltiples mensajes de “La distancia mas larga”, uno de los mas importantes es que Venezuela es una suma de sus defectos y sus virtudes. Para llegar a Roraima, por ejemplo, debes pasar por Caracas, o dicho de otra manera, la belleza de Roraima está sujeta a la situación del país, a sus terminales miserables y sucios, a los atracos y a las pistolas, una cosa no puede separarse de la otra, sin embargo Roraima sigue allí. Es parecido al viaje de Kayemó, malandro y víctima del malandraje, pero cuya alma desea el bien. Es una lucha del bien contra el mal, pero en el alma. Es una visión del país, que fusiona lo dulce con lo amargo.
Aún pienso en las grandes imágenes y en la profundidad emocional de todos los personajes que ríen y lloran con conflictos reales. Ver personajes debatirse entre elecciones morales ciertas, sopesar sus necesidades fue inesperado. Cada uno de ellos tiene intereses personales diferentes, y cada uno intenta que sus planes salgan como desean. Creo que la gran fortaleza de una película es, y será siempre, su guión. Cada personaje habla desde su edad y su contexto, estableciendo vínculos creíbles y conmovedores. El uso de groserías y lenguaje coloquial, en vez de distraer y molestar, logra darle un sentido de realidad a las interacciones que se sienten naturales. La banda sonora es perfecta, conmovedora y completamente consistente con la trama y sus escenas naturales.
Claudia Pinto supo hacer de su heroína, Martina, interpretada de manera incomparable por Carme Elias, una mujer compleja y autosuficiente, sin quitarle la suavidad y amabilidad que la hacen conmovedora y adorable. La directora de este filme supo excluir el machismo y hacer una obra feminista sin regañar a la audiencia, permitiendo que el trato con otros fuera cordial y educado, tal vez como el que debería alcanzarse en una sociedad ideal, superando sin duda alguna la prueba de Bechdel. Esto me parece muy importante para Venezuela y Latinoamérica, donde la sombra del machismo permite aún que los hombres le digan “mi amor” a una mujer en una taquilla de banco o en cualquier actividad en general, sin ni siquiera entender el error subyacente (no voy a extenderme en esto, pero el machismo es muy soportado por las mujeres en estas regiones que aceptan y alientan comportamientos sexistas justificados en la enfermedad social de la “caballerosidad”).
Este filme es una demostración de que mucho puede hacerse sin necesitar un presupuesto multimillonario. No es una película de muy bajo presupuesto, pero además de tomas aéreas de Roraima y de múltiples locaciones naturales y urbanas, el alcance de este filme no es “épico” sino íntimo, y aún así, sobrecogedor. Exponiendo catarsis a través del agua y usando objetos físicos para mostrar el miedo y la lucha contra él, este film es increíblemente efectivo y poco predecible, lleno de emociones y sin recurrir a escenas preconstruidas heredadas de Hollywood.
Es, en conclusión, la mejor película venezolana que he visto.
Mi calificación: 20 de 20. Estoy realmente sorprendido de haber visto, con distancia de un mes, dos grandes películas nacionales que elevan el cine venezolano a un nivel comparable con el internacional, a saber “Libertador” y ésta. Este es un buen año para el cine venezolano. El tráiler, conmovedor, es más pequeño que la película, que tiene el mismo tono. Hasta el tráiler de esta película es perfecto.




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